Terminé la tesis

PENSÉ QUE NUNCA ACABARÍA, EN SERIO.

El que se haya mandado el trabajaso (disculpen, pero es un cham-bón) de hacer la tesis, entenderá completamente el gran logro que significó estar parada frente al jurado y exponer el trabajo que me costó dos largos años. Dos años de mantener la disciplina, la cordura, barajar el mal humor, patear en el culo a la depresión y seguir adelante a pesar que muchas personas pensaran que estoy perdiendo mi tiempo.

Se acabó al fin la etapa universitaria. Puse un punto y ahora le doy enter a un nuevo episodio de mi vida.

Estoy feliz.

Una canción para sentirse feliz.

 

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Encuentros cercanos de NINGUN tipo

Hay épocas del año, que pueden durar días, semanas o meses incluso, en las que la acción chico-chica se detiene, se evaporiza, se desvanece entre conversaciones de trabajo, reuniones con amigos y visitas excesivas al facebook a chequear si hay algo nuevo, porque nada pasa por tu puerta hace un buen rato.

En esos días me gusta autocompadecerme con comidas que no debería comer (rollos de canela o sánguches de lomo saltado) y canciones de blues que siempre tratan sobre estar blue, triste, condenado a una existencia patética y miserable.

Las pocas opciones que hay han tomado dos rumbos: el de ignorarte o el de olvidarse de ti. No sé que es mejor, que se tomen el trabajo de ignorarte quizá es símbolo de que al menos existes; pero olvidarse de ti, simplemente es signo que realmente no calaste para nada en nadie y que pronto vas a ser un recuerdo vago, una imagen borrosa o simplemente nada. Y cuando los saludes en la calle, no se acordarán de tu nombre, ni de dónde te conocieron.

Todo esto podría soportarlo, sino fuese por tres hechos concretos que enmarcaron mi semana y me terminaron bajando las pilas hasta -100.

El primero fue el viernes pasado, cuando Bea hizo una estupidez. No sé que carajos le pasa últimamente que anda rarísima conmigo. Primero pensé que había sido culpa de su amigo idiota, que por alguna razón había creído que algo podía pasar entre él y yo y al parecer la estuvo jodiendo pidiéndole mi número y que me pasara la voz para salir. Pero la cuadré, le pregunté si eso le molestaba y que yo no tenía intención de nada con su amigo. Me rió y me dijo que no le molestaba y que él era buena gente. No sé exactamente que prentendía con eso, pero lo dejé ir. Luego de un rato, como estábamos en una reunió con varios amigos, insistió en seguir ignorándome, se volteó completamente dándome la espalda y fue tanto que me paré y me fui. Luego de estudiarla un rato, me di cuenta que ella es así: una patana. Porque no me di cuenta antes, no sé. Ahi nomás se me cayó Bea y no tengo ganas de salir con ella un tiempo.

El segundo hecho fue que hay una chica de mi facultad que insiste en taggearme en unos collages que hace con fotos de toda la gente del grupo. Normalmente no me importaba que hiciera estas cosas, pero ya fue el colmo cuando me detuve a leer sus comentarios y chistes idiotas. Realmente es una persona impertinente, pero que puedo hacer, me sigue taggeando en estas imágenes que ella misma pegostea en el photoshop. Imagínense que un dia se le ocurrió recortar nuestras caras y ponerlas en una foto de unas muñecas. ¿Que tienes, tres años? Encima, cada vez que pienso que me va a llegar algo interesante por el facebook y lo abro con emoción es sólo para comprobar que encontró otra foto de, no sé, conejitos blancos o gatitos jugando con una madeja en internet y que se le ocurrió compartirla con todos.

El tercer hecho fue el día que llegué a la oficina y encontré que alguien había movido los parlantes de mi computadora hacia otra. Originalmente mi computadora no tiene parlantes, lo cuál es muy frustrante para poder escuchar algo de música mientras trabajo. Yo no soy de imponer gustos musicales y siempre espero que no haya nadie para poner lo que me gusta o escucharlo en el carro de regreso a mi casa, pero hace un par de días pude sacarle los parlantes a una computadora que los tenía por las puras y me los adueñé. Estuve una semana feliz de la vida, hasta que hace dos días atrás comprobé que alguien -que ya se quien es y me las va a pagar- se tomó la molestia de sacar los parlantes y volver a ponerlos en la computadora original que no los usa. ¿Quién es tan hijo de puta como para darse ese trabajo?

Pues ya encontré al bastardo y me las va a pagar. Se trata de Ricardo, un chico de mi promoción de la facultad que ahora trabaja conmigo. A mi me parece que Ricardo es gay, pero de los solapas, que dice tener novia pero que a su vez tiene amistades turbias con las que hace dios sabrá qué los fines de semana. La vida de Ricardo me llega altamente, pero de cuando en cuando se le da por meterse conmigo y eso ya no lo soporto. Si no es que me hace algún comentario con mi ropa, me insinúa alguna tontería con algún otro chico del trabajo, me hace cosas peores como lanzarle indirectas al jefe de que yo trabajo menos que los demás, o joderme con cosas como indicarme el archivo incorrecto que hay que imprimir. Lo de los parlantes ya fue el colmo.

Tres hechos que coronaron mi semana, al que podemos sumar que susodicho 1 y susodicho 2, mis supuestas opciones de este año, me han abandonado completamente. Uno me ignora, el otro ni me registra.

Dentro de todo este mar de basura lo único que me mantiene a flote, irónicamente, es la tesis. Ayer hice una lista de cosas que voy ha hacer cuando la termine. Esperar algo me sube el ánimo. Me falta poco para acabarla y todo el esfuerzo que me he tomado está tomando forma. Estoy emocionada por eso, quizá lo único verdaderamente real que tengo en mi vida en este momento.

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Uno es ninguno

Le conté finalmente a mi mamá porque necesitaba una segunda opinión y ya me estaba hartando de tener a mi cabeza dándole vueltas al asunto. Me calmó porque me dijo que debo tomarlo como una puerta, aunque para mi más bien es una suerte de huequito en la pared por donde apenas se vislumbra un rayo de luz. Pero para dejar de ser tan fatalista, y viendo las cosas desde la postura del vaso medio lleno, quiero pensar que es una opción. Y hago énfasis en la palabra “opción” porque como ése chico debería de tener 5 otros iguales.

Hablando un poco de eso, me acordé de algo que dijo Pati uno de esos días de oficina que compartimos amenamente junto a otros dos chicos más de mi facultad. Ella dijo, con toda la seguridad del mundo, que cuando salía con alguien no se le ocurría salir con nadie más, entiéndase, tenía un amplio sentido de la fidelidad.

Yo pensaba que no compartía esa opinión, pero hace unos días me di cuenta que me estaba esforzando mucho en agradarle a este tipo, que he visto una vez nada más y con el que converso (si se puede decir conversación a contestar un par de comentarios via facebook) a través de la computadora. Ya sabemos lo engañosos que son esos espejismos que se muestran a través de la pantalla. Escribir es una actividad que requiere meditación, un momento en el que piensas pausadamente qué cosa decir, que lees y relees para corregir. No es algo espontáneo, como podría ser una conversación. Por lo tanto, es fabricado y debemos tomar con pinzas. Pero sobre ese tema ya hablé.

A lo que voy con este post es que yo me pensaba distinta a Pati, pero resulta que cuando me gusta alguien la visión que tengo del panorama se desdibuja y comienzo a ver a través de un tubito de media pulgada. Eso está pésimo, al menos desde mi punto de vista.

Por eso me asusté ayer cuando entré al facebook para ver que de nuevo había publicado. Es decir, ¿de que mierda me sirve tanto afanamiento? De nada. Por eso, en vez de postear alguna tontería y luego ponerme a esperar que me conteste o que me ponga “me gusta” y emocionarme como una cojuda, decidí mandarle un mensaje a Bea y quedar para salir el fin de semana.

Lo mejor en asuntos de ésta índole es olvidarse del tema. Y si piensas en eso, bloquearlo. Y si escribes de eso, dejar de hacerlo. Y para ser consecuente con lo que digo por UNA VEZ en toda mi vida… Me voy.

Una canción para cuando no siempre consigues lo que quieres, pero si tratas, a veces puedes encontrar lo que necesitas.

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Si no te conectas, ¿como esperas que te hable?

Hace un par de días marcó un “me gusta” en una publicación que hice: Se me ocurrió sincerarme en el facebook y puse que bailo igualito a Elaine de Seinfeld. Me pareció gracioso decirlo. Mis amigas respondieron sonseras que ya ni recuerdo. Lo importante fue que él demostró que todavía había una pequeña velita en el camino. Pasaron unos días y se conectó al msn. Después del encuentro cercano del primer tipo me habló por el facebook y finalmente lo agregué a mi lista de contactos. Vini, vidi, vinci.

Pero no, todavía no podemos cantar victoria.

Espero a que se conecte y le hablo. Le hablé dos veces y tenemos conversaciones que no fluyen muy bien. Me doy ánimos pensando que eso es normal, porque igual no nos conocemos mucho. Se me ocurrió publicar algo en el facebook a lo que no respondió con nada. No me rendí, y cuando él publicó algo que podría gustarme, le puse un “me gusta”. Pasaron días y nada. Se conectó una vez más, pero nada de hablarme. Carajo, pensé, ¿ya se fue a la mierda todo antes de comenzar?

Seguí el consejo de mi mamá y le di tiempo. Paciencia y tiempo. No le hablé pero puse algo en el facebook y finalmente me puso un “me gusta”. Me emocioné un rato, pero luego me volví a sentir ridícula. ¿Que cosa es esta de andar poniendo “me gusta” en mis publicaciones, de todas formas? ¿Es señal de algo?

Estoy en plan de esperar. Ya no quiero cometer los errores pasados y andar borroneando a la gente porque no se ajustan a mis ideales. Pero no sé. A veces dudo de que realmente le guste. Otras me convenzo de que este tiempo intermedio es normal, que en efecto ya lo he vivido antes con otros chicos, y que en algún momento las cosas se van a decidir.

Y digo: ¿Y no fue suficiente indicio de que me gusta el ir a su maldito concierto?

Bah… ¡HOMBRES!… Quién los entiende…

Si le pregunto a Pati, ella me va a decir que espere a que él haga algo, porque esa es la forma de ser de Pati, sentarse a esperar que las cosas pasen.

Si le pregunto a Cecilia (otra amiga que recién hace su primera mención en el blog), me va a decir que le hable y que le diga para hacer algo juntos o tomar un café. Porque ella es así, o por lo menos aparenta serlo. Ahora que lo pienso, Cecilia probablemente le hubiera dirigido mas que unas cuantas palabras ese día, pero me agarró el miedo escénico, que puedo hacer.

Si le pregunto a mi mamá tengo que contarle como lo conocí y me va a decir que estoy loca por doble partida porque a Gabriel lo conocí igual. (De repente estoy esperando que sea como lo de Gabriel que pasó bien rápido).

Si bien no soy como Pati y tampoco tan aventada como Cecilia, creo que puedo encontrar un intermedio y tentar algunas publicaciones en el facebook, cosas que quizá le interesen, que le hagan recordar que estoy aquí y que no me voy a ningún lado. Si me habla, algo habré ganado. Tímido no es. Entonces, ¿que mierda le pasa? Mi teoría es que tiene novia, porque raro no es, créanme.

Una canción para los no correspondidos.

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Sobre la supuesta química

Hace tiempo atrás pasaban muy seguido en cable una película con Debra Messing (la de Will&Grace) en la que ella es una mujer que tiene que asistir el matrimonio de su hermana menor justo cuando acaba de romper con su novio de toda la vida, ése que conocía a toda su familia y por el que todos le van a preguntar. Así que en vez de ir sola y según ella, sentirse miserable, contrata a un acompañante por las páginas amarillas que es el churrísimo Dermot Mulroney. 

En una parte de la película el acompañante suelta una frase que se me quedó grabada para el resto de mi vida de manera inconsciente: “Una mujer tiene la vida sexual que quiere”.

Primero reaccioné como Kat, el personaje de Messing, y pensé que eso era una tontería y que yo no tengo la culpa que los hombres que me gustan o son tarados, o tienen novia, o son simplemente raros. Luego de unos minutos me di cuenta que me estaba mintiendo a mi misma y entendí que nadie me estaba obligando a elegir a esos fulanos como posible pareja, por lo tanto, esa frase es completamente cierta y no todo es culpa de una serie de eventos desafortunados.

Es cierto que tengo una tendencia espantosa -no hay otra forma de describirla- a aferrarme a tipos que por una u otra razón me ignoran, normalmente porque tienen novia o un miedo patológico a las mujeres. Hace unos años me pasé persiguiendo a un tipo de manera obsesiva hasta que finalmente gracias a la intervención de mi mamá y amigos me di cuenta que ese tipo me iba a llevar a la locura. En ese caso, él era el raro, y mis avances eran completamente normales, pero si sentí indiferencia de su parte en algún momento, ¿para que carajo seguí insistiendo?

A eso voy. Me gusta obtener lo difícil, lo que no está disponible.  

Por esa razón he rechazado muchas oportunidades de tener algo con muchos hombres, por aferrarme a aquellos que no me daban bola, nada más por mi obsesión enferma de agradarles. Al final, como ahora y como siempre, me quedaba sola igual. El que sí quería estar conmigo se cansaba de perseguirme, y el que se hacía el difícil va a jugar ese papel toda la vida.

Lo más triste de todo era que yo seguía pensando que ese sufrimiento que sentía por estos fulanos que no me daban bola era “química”, y esa sensación de maripositas que uno supuestamente siente por esa persona especial, mientras que cualquier otro no me provocaba nada y me daba lo mismo si me hablaba o no. Mucho tiempo estuve en ese plan de rechazar tipos por las razones equivocadas. Mucho tiempo me tomó darme cuenta que esa emoción idiota a la que llamamos “química” es nada mas que una patraña, y que la verdadera química se trabaja. No necesariamente la primera impresión sobre un fulano te va a decir todo sobre él y ciertamente no puedes forzar las cosas.  

A veces una persona te termina gustando con el trato y eso yo no lo quería entender. Me forzaba a una ideal de pareja que creía que tenía que tener. Si no cumplía con esos requisitos absurdos, al toque asumía que el fulano no iba conmigo. No necesariamente porque tengas gustos en común con alguien significa que va a ser una buena pareja para ti. El carácter de una persona es mas complejo que eso.

En conclusión: Siempre hay que mantener la mente abierta y darle chance a la gente a que muestre todas sus cartas.

Hay una canción de Coldplay que dice que realmente nunca cambiamos, pero yo creo firmemente en que si uno se lo propone puede torcer ciertos hábitos tontos. De hecho no soy la misma que era hace 5 años atrás, eso lo podrían corroborar mis aimgos mas cercanos. Así que a seguir torciendo viejos hábitos. Eso si, cambiar ya no me va a costar 5 años más, se los aseguro.  

Una canción para cantársela a alguien que te guste mucho.

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Encuentros cercanos del primer tipo

Yo no pensaba hablarle.

Quería pasar desapercibida entre lo que yo pensé iban a ser mínimamente 50 personas, dado el número de amigos de su facebook. Pero cuando llegamos al bar y habían cuatro gatos (contando a los tipos que atendían en la barra), y lo vi de espaldas sentado en una silla quería regresar a mi casa porque me sentí ridícula en haber venido pero luego, entre que caminaba hacia la puerta y me acercaba más hacia donde estaba pensé en Gustavo Cerati y me dije a mi msima: “No es momento para ser cobarde”. Así que pasé detrás de donde él estaba hacia el lugar donde encontramos finalmente al resto del grupo de gente con quienes quedé en ir. Bea me había acompañado al lugar y había llamado a algunos de sus amigos para hacer mancha. Ella no sabía de mi plan maléfico. La versión que le había contado era que íbamos a ver unas bandas, punto. No necesitaba saber más.

Me paré en la barra a fumar e ignorarlo y cagarme de risa de tonterías, como si no hubiera ido específicamente a verlo. Ya iba por el quinto cigarro, y pensé que mi plan se había ido al carajo totalmente, ya que estaba a plena vista de todos. Encima se me ocurrió llevar el carro, como para obligarme a no tomar, ya que al día siguiente tenía que ir a trabajar y no pude calmar mi ansiedad con alcohol. En eso, lo vi acercarse. Mi primera reacción fue pensar que iba a pasarse de frente, que no me había reconocido, pero cuando estuvo a mi lado, ya era obvio que había venido a saludarme.

Carajo, pensé, ahora si todo se fue a la mierda. Los primeros minutos fueron incómodos. Hola, hola, que tal, ¿no te conozco de algún lado?, que paja que hayas venido, ah si, bueno vengo a cobrarte la entrada. Supuestamente alguien debió cobrarnos la entrada, pero al llegar estaba tan ofuscada que no me percaté que en efecto nadie nos detuvo en la puerta. A pesar de ser una razón lógica, lo único que me decía en mi cabeza era: No ha venido a saludarte, simplemente vino a cobrarte la entrada. Se lo dije, además. Ah, me vas a cobrar la entrada. Me salió y no pude evitarlo. En ese momento me decepcioné por enésima vez (de él, de todos, de Gabriel, de Santiago), pero mi cabeza me hizo razonar con rapidez y me dije a mi misma que no todo es perfecto, que no puede ser que suceda como en mi imaginación, y que era lógico que nos cobraran la entrada (aunque todavía sigo pensando que no lo dijo de la mejor manera), y que no iba a ser como una de esas comedias románticas donde los personajes dicen cosas maravillosas o todo sucede como se esperaba.

Luego de eso, esperamos mucho y tuve que mentirle a mi mamá para que no se preocupara de que regresara muy tarde. Algunos amigos de Bea se fueron porque al día siguiente trabajaban y las dos bandas anteriores estaban bastante aburridas. Incluso Bea quería irse, pero la convencí con una cerveza más de quedarse. Mi segundo plan, ya que el primero había fallado, fue de hablarle y decirle que me había gustado mucho la banda, sonreír e improvisar un poco, tratar eso de la coquetería y qué se yo. Con eso ya me hubiera sentido lograda. Pensé en maneras de hacerlo mientras soportaba a la primera banda que había llegado dos horas tarde y tocó una pseudo punk que me hubiera gustado cuando tenía 15, no ahora que ya tengo 24. Lo vi entrar y salir varias veces del local, nunca se paró cerca a donde estaba y era complicado acercarme (tenía que pasar delante de la banda que tocaba), quizás con algo de alcohol me hubiera animado a sortear esos obstáculos, pero nunca pude tomarme un shot, y él no se quedaba quieto en ningún lugar. Lo que salvó mi noche no tuvo mucho que ver con las cosas que hice o dejé de hacer, sino con eso pequeños momentos en los que de pronto te decides en ir por un lado y no por otro, de tomar algo y dejar aquello. En una de esas que lo veo entrar y salir, lo seguí con la mirada y lo vi parado en la puerta del local. Él |me miraba. Primero pensé que miraba a cualquier lado, que miraba su propio reflejo en el vidrio, que si estabamos tan lejos no podía mirarme. Recordé entonces como yo si había podido verlo cuando recién llegué al local, justo donde él estaba parado ahora. Me lo quedé mirando, solo para comprobar si de verdad de estaba viendo. Cuando se percató, apartó la vista. Por unos segundos sentí que había ganado algo, que había caído un trofeo invisible desde el cielo y se había posado a mi lado en la barra.

Por eso nada más me decidí ha saludarlo al final del concierto en medio de sus amigos. Si que paja, tocaron de la puta madre, si te paso la voz la próxima. De otra forma, probablemente me hubiera ido a casa sin decirle nada y me hubiera arrepentido de no tomar un poco de riesgo, algo al menos, para no cansarme tanto de la rutina, para sentirme menos monga, menos pava y tener la sensación que esos pequeños pasos que tomo de alguna forma me diferencian del resto de gente que se sienta a esperar que las cosas pasen, que algo de suerte les caiga del cielo.

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Brunito Contraataca

Mi mamá me advirtió, luego de que le contara sobre la fiesta inolvidable, que Bruno 2.0. tomaría repercusiones en el asunto y trataría de alejarme de Pati, aislándole de las amistades que él cree van a perjudicar su relación con ella. Yo traté de llevarme con los demás, pero supongo que es obvio que no estaba cómoda con él y sus amigos tarados.

Por eso me di cuenta cuando Pati me dijo la disculpa que Brunito le había dado cuando nos bajó del carro a una cuadra de su casa : “Yo te dejé ahí porque estabas con tu amiga”. Entiéndase, mejor no salgas con tu amiga, que además es una pesada.

Las repercusiones de ese comentario ya se hicieron llegar. Pati había quedado conmigo para ir a la fiesta de cumpleaños de una amiga en común y cuando le pregunté si iba a ir a mi casa para ir juntas me respondió con un “puede ser” que sonaba más a un “no” camuflado.

Igual, y como no soy una resentida (al menos estoy tratando de evitar serlo), le deseo lo mejor a Pati y ojalá le sirva de algo estar con ese mamotreto de hombre. Espero, por su bien, que no lo tome en serio y que esté pensando en buscar otras opciones.

Que la fuerza te acompañe, Pati.

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